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OIMAKU del trabajo sobre el G-8

OIMAKU del trabajo sobre el G-8 para Ciencias Sociales en Bachillerato. Se trataba de hacer el seguimiento de un aspecto concreto de la guerra de Kosovo a través los periódicos durante un mes y redactar un informe con las conclusiones que coligiéramos. En aquella época andaba bastante desengañado con la escuela y, además, no sé muy bien por qué, tal vez por el hastío de leer la prensa, fui incapaz de hacerlo. Así que vagueé hasta la última semana, algo impropio en mí hasta la fecha. Y entonces, la divina providencia me sonrió, me sonó la flauta. Obligado por mi madre a tirar la basura, junto al contenedor encontré una hermosa bolsa de plástico de supermercado con diarios viejos de todo el mes. No cabía en mí de gozo. Y todos hablaban de la guerra. Supongo que porque era la sigla más visible, elegí el G-8. Recorté las noticias, las pegué en un anexo y me inventé un análisis y una reflexión. Mi nota fue un notable y es uno de los trabajos del que conservo un recuerdo más especial y alegre.

OIMAKU de lo que me dijo S.

OIMAKU de lo que me dijo un ex compañero de clase cuando lo volví a ver casi diez años después, frente a la puerta de lo que fue nuestra escuela, sentado en los escalones hablando con otros ex compañeros del colegio. Sus palabras las tengo grabadas a fuego tan salvaje que me queman cada vez que pienso en ellas. “¿Ya has acabado la carrera? Eso está bien. Tanto estudiar, tanto estudiar,… ¡Lo que hay que hacer es trabajar!”. Cuando las recuerdo por las noches, me ahogo y lloro.

OIMAKU de la pareja de borrachos

OIMAKU de los dos tipos que, cuando hacía de recepcionista, recién abiertas las puertas del club donde trabajaba, sobre las seis de la mañana de un sábado, me pidieron entrar al bar para pedir fuego. Ell local era únicamente para socios pero, al no advertir nada especial en ellos, pensé que nada malo podía pasar y que, total, tampoco iban a encontrar a nadie a estas horas por la calle. En cuanto les abrí las puertas, vi que el segundo no iba muy derecho, y ahí empezó todo a torcerse. Me enteré, al rato, que se habían pedido un par de cubatas en el bar y que estaban cantando y dando voces. En cuanto llegó mi compañera, abandoné mi puesto y me dirigí a la cafetería para echarlos. Se les veía todavía más bebidos. El segundo llegó a caerse de boca al suelo bajando unas escaleras. El primero, que recriminaba al otro que estuviera tan torpe y tan pedo, me soltó de buenas a priemras que aquí no hablábamos de política. Empezó a hablarme de ETA y, mientras me iba contando cosas horribles, con unos ojos desorbitados y sanguinolentos que no podré olvidar en la vida, fui acompañándolos a la salida. El de mantenimiento me echó una mano para conducirlos tranquilamente fuera del recinto, sin que armaran follón. Por suerte, no había nadie a esas horas. Los dos tipos me dieron las gracias, como si nada hubiera pasado, y se perdieron calle abajo. Al desaparecer, respiré aliviado. Lo había pasado fatal. De menudo embolado me acababa de librar.

OIMAKU de M.

OIMAKU de M., que hacía de mujer de la limpieza en el lugar donde trabajo. Era morena, con el pelo corto y gafas. Apenas la conocía, no sé siquiera si cruzamos alguna palabra. Se marchó por problemas de salud. L. y V. acabaron por decirme que se había pedido la baja para operarse de un cáncer. Hoy, me enteré que el día de San Juan entró en coma y falleció. No puedo visualizar bien su cara. Lo que más me quedó grabado fue el uniforme de trabajo. Es lo que más me jode.