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OIMAKU de Míster Zákar

OIMAKU del casero del apartamento de Southampton. El tipo era un indio emigrado a Inglaterra que a través de trabajar duro había conseguido abrir una tienda de recambios para coche y formar a su familia en Inglaterra. Su apellido era Thakrar pero entre nosotros los llamábamos Zákar, Míster Zákar. Era un buen tipo pero estaba obsesionado con seguir la normativa y venía cada semana a revisar el piso. A él no le suponía demasiada molestia porque vivíamos encima de la tienda pero para nosotros era un incordio. Recuerdo que un día, cuando todavía buscaba trabajo sin éxito, me dijo que yo debía esforzarme el doble, porque era de fuera y tenía que demostrar mi valía. Le caí simpático en mi calidad de currante. Imaginé lo que había tenido que pasar él para tener su negocio y comprendí su obsesión por que todo estuviera perfecto en el piso.

OIMAKU de la costa de Southampton

OIMAKU de la costa de Southampton. Llevábamos tiempo en esta ciudad, desde donde habían zarpado tantos barcos a lo largo de la historia, icónicos como el Titanic, cuando nos dimos cuenta que todavía no habíamos visto todavía el mar. Southampton se encuentra en una ría del Canal de La Mancha, con la isla de Wight casi como tapón, cuya principal actividad, aparte de la universitaria, es la portuaria. No esperábamos nada demasiado espectacular. Sin embargo, después de un intrincado camino entre naves portuarias situadas en calles casi sin nombre que acababan repentinamente, llegamos a un pequeño espacio de cemento con un par de bancos, una baranda y una papelera más desolador de los imaginado. Por encima de nuestras cabezas había un enorme puente de hormigón por el que circulaban los coches hacia la otra punta, donde ahora sé que se encontraba el barrio de Woolston. En aquel momento, no teníamos ni idea de en qué parte del mapa nos encontrábamos realmente. Había una pareja mayor, si no recuerdo mal. Soplaba el viento y el paisaje lo conformaba un conglomerado de casas feas y edificios industriales abandonados o en activo. Al fondo, se erguían los mástiles de embarcaciones atracadas. El agua marchaba gris y lenta. Olía a mar como puede heder el puerto de Barcelona. Había un trozo de tierra, casi un lodazal, que se hundía en el agua. Hicimos unas cuantas fotos para demostrar que, como mínimo, habíamos visto el mar desde Southampton.