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OIMAKU del desvío inconsciente de mi mirada

OIMAKU de la vez que la compañera de clase que se sentaba detrás mío en el instituto me llamó. Era una chica con fama de borde, que siempre vestía muy puesta, con la que siempre tuve una relación distante pero cordial. La chica me tocó en el hombro y yo me giré. Fue para preguntarme algo acerca de lo que estaba explicando el profesor. El caso es que, al girarme, ella estaba apoyada sobre la mesa. Ese día llevaba una especie de traje de chaqueta gris muy fashion cuya chaqueta abrochada formaba un escote espectacular. Mientras mi torso rotaba, por el rabillo del ojo ya empecé a vislumbrar aquello, y mis pupilas descendieron automáticamente. Tengo una fotografía mental muy nítida al respecto. Subí la mirada en cuanto me di cuenta, rápidamente pero ya tarde. Ella acababa de formularme su duda. Yo me quedé mirándola fijamente, con cara de indisimulada culpabilidad, porque no me había enterado de nada: tenía todavía la mente ocupada por su escote. Sin apartarme la vista, noté cómo se le encendía una bombilla en sus ojos, se reclinaba hacia atrás y despegaba el pecho de la mesa. Entonces, me volvió a preguntar. Yo le respondí, ella asintió y me volví hacia la pizarra. No sabría decir qué me jodió más de aquel desliz de apenas unos segundos, si mostrar mi debilidad ante una chica que creo que en cierta manera me respetaba, o no haberme quedado más tiempo mirando aquel par de tetas espectaculares.

OIMAKU de los anuncios del canal Playboy

OIMAKU de los anuncios, yo vi dos, que hicieron para presentar el canal Playboy por Satélite, hace años. Los daban de madrugada y, obviamente, eran altamente machistas. En uno aparecía un tipo desayunando mientras un pibón en ropa interior le preparaba el desayuno; seguidamente, detrás aparecía otra que tal baila, despeinada, dándole los buenos días. Este es pasable, digamos. Pero el más fuerte era el otro, el de un tipo viendo la tele, comiendo palomitas muy a gusto. La cámara lo filma de barriga para arriba y, de repente, otra modelo impecable asoma su cabeza desde la parte inferior de la pantalla; él, suavemente, le vuelve a empujar la testa para abajo, y sigue disfrutando con sus palomitas. El lema era algo como “La vida mejor con Playboy”. En fin, muy fuerte.