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OIMAKU de Cosas de Casa

OIMAKU de Cosas de Casa, la serie que acabó acaparando hasta la náusea el personaje repelente por excelencia, Steve Urkell. Recuerdo que al principio sólo tenía contadas apariciones y hacia el final el actor coprotagonizaba con el sufrido Carl, padre de familia y ex policía en la Junga de Cristal, casi todos los episodios. Recuerdo cómo por arte de birlibirloque, o de cuota de share, dos hijas y una tía de la familia desaparecieron; luego, creo incluso que hasta la esposa y Eddie, el hijo mayor. Se desmontó todo el nidito familiar que aplicaba las pertinentes dosis morales en cada episodio para reunir a freaks tales como Urkell, Maira o Waldo Geraldo Faldo que lo único que hacían era repetir coletillas sin cesar. La serie fue cayendo en picado, bajada a los infiernos que se aceleró con el doblaje patrio de Antena 3, que decidió que era divertido añadir morcillas tales como “queso de Cabrales” o “m’ha dao un tabardillo”. El canal estuvo tirando de ella, quemándola, hasta que encontró un sustituto para la franja de dos a tres de la tarde: Los Simpsons.

OIMAKU de la pareja del opening de Érase una vez la vida

OIMAKU de la pareja que aparecía en la canción del comienzo de los dibujos animados de Érase una vez la vida. Era una pareja de adultos formadas por dos de los personajes característicos de la serie: el chico guapete y la chica morena. Ambos salían en pantalones, con el pecho descubierto. Recuerdo que siempre la miraba a ella. Se acercaban el uno al otro en mitad de un prado y se fundían literalmente en un abrazo: se transformaban en una esfera que ascendía al cielo y daba como resultado el sol. De fondo, sonaban las últimas notas de la canción cuya letra decía “en el fondo de su corazón”. Me encantaba aquella serie.

OIMAKU de Urotsukidoji

OIMAKU de la serie de películas de anime Urotsukidoji. Estuvo junto a Akira y El puño de la Estrella del Norte entre las primera películas de animación en llegar con la fiebre del manga. Nunca la he visto pero recuerdo que era tema común. “¿Has visto Urotsukidoji? Superbestia. Sale sangre y sexo a tope, y el malo es un demonio con una polla gigante”. El mundo entero andaba flipadísimo con lo que estaba llegando del país del sol naciente, unos dibujos que nada tenían que ver con los de Walt Disney. Todos hablábamos de ello aunque algunos ni siquiera hubiéramos visto nada de lo que estábamos hablando.

OIMAKU de las coletillas de los Looney Tunes

OIMAKU de Piolín repitiendo, con una voz infantil pero llena de veneno, la frase de “He visto un lindo gatito”, recordándonos que esta vez Silvestre tampoco lo iba a conseguir; de Bugs Bunny mirando a cámara zanahoria en mano, saludando con toda la chulería de la que es capaz un conejo con su sureño “¿Qué hay de nuevo, viejo?”; del Gallo Claudio y su tartamudeante “Digo hijo, eso digo, hijo, digo” que sacaba de quicio al más flemático; del Correcaminos y su conciso “Bip bip” que, lejos de la retórica ciceroniana, derrotaba cualquier discurso que el Coyote pudiera levantar.

OIMAKU del grito huracanado

OIMAKU de los dibujos de Pepe Potamo y de su grito huracanado. El protagonista era un hipopótamo lila vestido de safari, salacot incluido, que se dedicaba a tumbar a todo bicho viviente con su bramido atroz. Cada vez que lo hacía, la boca se le hacía gigante y su cuerpo se elevaba en el aire por la misma fuerza del berrido. Soy incapaz de recordar el argumento de ningún episodio o de encontrarle algún sentido a que un hipopótamo vistiera de cazador. Lo único que guardo en mente es el creciente deseo que tenía de niño a que llegara el momento del episodio en que Pepe Pótamo soltaba su infalible GRIIIITO HURACANAAAADO.

OIMAKU de Hotel Tres Estrelles

OIMAKU de aquella serie de El Tricicle que emitían en TV3, llamada Hotel Tres Estrelles. Me encantaba y creo que existe una cinta de VHS grabada con capítulos que todavía da vueltas por casa de mi madre. Recuerdo un episodio en que había una convención de gafes, que era un desastre, y me acuerdo de que Carles Sans interpretaba a un botones que siempre acababa sacando provecho de las situaciones. Al final de cada capítulo de la serie se armaba la gorda y acababan todos corriendo, persiguiéndose como en Benny Hill. Adoraba aquella serie. Era buenísima.

OIMAKU de El Fumador

OIMAKU de El Fumador de Expediente X. Me fascinaba aquel viejo Garganta Profunda, seco como el papel de liar, engabardinado y gris como la ceniza, disolviendo en volutas los secretos de su boca de misterio, explicándole la verdad y la mentira al enfervorizado de Mulder, que atendía intrigado, deseoso de saber dónde estaba su hermana, para luego encontrarse, de nuevo, solo y a oscuras en mitad de un aparcamiento subterráneo, descubriendo que su informante, una vez más, había desaparecido como el humo.