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OIMAKU del “adéu” en Zahara de los Atunes

OIMAKU de la manía de decir “adéu” sea el rincón de España que sea y, especialmente, recuerdo una vez en Zahara de los Atunes, donde al salir de una tienda dije “adéu” y entendí que me respondían lo mismo. El hecho es que llevaba un par de días obsesionado con el tema, pues tenía la impresión de que me había sucedido más de una vez. Carcomido por la duda, le pregunté a la persona que me acompañaba si la dependienta me había dicho adiós en catalán. No sé si me respondió afirmativamente o que no se había dado cuenta. Fuera la que fuera su contestación, no me sirvió porque, en un acto de extravagancia, volví a la tienda y le pregunté directamente a la mujer. Con una mueca que conjugaba una especie de extrañamiento impasible, me contestó con firmeza que me había dicho “hasta luego”. Su voz y su rostro duro, me acongojaron de tal manera que pedí perdón y me marché avergonzado.

OIMAKU del ladrón de lotes de Navidad

OIMAKU del tipo que intento llevarse de manera descarada y chapucera un lote de Navidad en una estación del metro. Iba caminando tranquilamente con un lote navideño hacia los torniquetes de salida cuando la mujer que yo tenía al lado miró al suelo y luego al hombre, y le gritó. La mujer debía de haberse despistado hablando con su amiga, probablemente una compañera de trabajo, que tenía un lote igual a los pies. Ella le preguntó acusadoramente dónde pensaba que iba con ese paquete. Él, detenido en mitad del andén, hizo una actuación lamentable. Estaba entrado en los cuarenta, fondón, con gafas y abrigo y sin demasiadas posibilidades de salir corriendo. Soltó una especie de “oh” y se excusó diciendo que se había confundido mientras se agarraba las solapas del chaquetón como en una peli de espías. No supo responder cuando ella le preguntó con qué lo había confundido. Una vez devuelto el lote, ella lo estuvo insultando a viva voz hasta que salió de la estación. Fue muy triste, en cualquier sentido del término.