Archivo de la etiqueta: programa

OIMAKU de un gag de La Trinca

OIMAKU de un gag de La Trinca. Creo que sucedía en la aduana de un aeropuerto donde Toni Cruz, el más alto, llegaba con un carro en el que transportaba una maleta enorme. El guarda de la aduana, Josep Maria Mainat, lo veía y, sospechando del tamaño del equipaje, se lo hacía abrir. Para sorpresa del guarda, la maleta estaba llena de prótesis de pechos. Flipado, el segurata empieza a tocarlos, y cada vez más fascinado, y más contento. Pero, finalmente, al apretar uno de ellos, se levanta de debajo de las prótesis una chica y le planta un guantazo en toda la cara. Surrealista y genial. Todavía me parto.

OIMAKU del sueño del concurso radical

OIMAKU de un sueño que tuve. Estaba en casa de mi padre, aunque no era su casa real. Era otra que en el sueño yo consideraba su casa. Estábamos en el salón en penumbra, iluminados por la tele, y él me preguntaba si había visto el nuevo programa de la madrugada. Le contestaba que no y él me lo explicaba. Lo conducía Nacho Sierra, el ciudador de animales, pero nos referíamos a él como Nacho Vidal por una de esas tergiversaciones de los sueños, supongo que por no acordarme del nombre. El concurso trataba de que un hombre, joven o maduro, iba a participar con su novia y Nacho Sierra, el presentador, venía con su perro, un dogo alemán de color pardo con orejas en punta. Al final del programa, Nacho Sierra conseguía que el concursante prefiriera tirarse al perro antes que a su novia, en directo y frente las cámaras. El que resistía, ganaba. Cuando le preguntaba a mi padre cómo nadie podía hacerte cambiar a tu novia por un chucho y, encima, follártelo, me contestaba, mirándome con pasmo a causa de mi virulenta reacción, que los canes del programa parecían violentos pero que en realidad eran muy mansos. En ese momento, me fijaba que mi padre acariciaba un dogo alemán y comprendía que nadie había conseguido ni conseguiría jamás ganar aquel maldito concurso. Me desperté asqueado y aterrorizado al mismo tiempo, consciente de que mi pesadilla todavía podía hacerse telerrealidad.