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OIMAKU del Trivial para Dummies

OIMAKU de una máquina recreativa de Trivial de la marca Para Dummies que había en un pub de Southampton. Durante los nueve meses que vivimos allí, vimos bastantes de éstas pero con el Trivial clásico. Nos enfrentábamos a la computadora junto con los colegas pero a las cinco preguntas solíamos palmarla. Decidimos que con aquel Trivial Para Dummies nos iría sin duda mejor. Metimos la moneda y leímos la primera pregunta. Era una de prensa del corazón, algo que para los ingleses debía de ser una chorrada muy sencilla pero de la que nosotros no teníamos ni idea. Fallamos y se acabó. Fueron escasos 5 segundos, una libra perdida y cero de diversión. Nos nos lo podíamos creer. Se nos había quedado cara de eso, de dummies.

OIMAKU de la pregunta incómoda en el juego del psiquiatra

OIMAKU de una pregunta especialmente incómoda en el juego del psiquiatra. Para quien no lo conozca, se trata de un curioso juego en el que dos personas deben adivinar las reglas del propio juego a través de preguntas que realizan a los demás, que sí saben cómo funciona y que representan estar locos. Las respuestas sólo pueden ser “sí” o “no”. Para dificultar la investigación de los dos que desconocen cómo va todo, cada cierto tiempo alguien dice “psiquiatra” y todo el mundo cambia de lugar. Es bastante caótico y divertido, sobre todo al ver la cara de los que intentan adivinar qué narices está pasando. El caso es que en una velada de Año Nuevo en Barcelona, a mi amigo M. le tocó descubrir de qué iba la historia. Las preguntas se supone que deben de ser chorras, es algo para pasar el rato. Había buen rollo. La cuestión es que M. empezó a hacer preguntas bastante serias, nada picantes, y a mitad del juego le preguntó a una persona si alguna vez había pensado en suicidarse. Hubo un silencio estremecedor y la respuesta estuvo a la altura de la dureza de la cuestión, a lo que siguió otro silencio de infarto. Dejo de haber tan buen rollo. Aquella noche el juego del psiquiatra no fue lo que se dice “muy entretenido”.

OIMAKU del Tragabolas

OIMAKU del juego del Tragabolas, tan absurdo como adictivo como cansino, en el que uno se hacía polvo dándole con frenesí drogodependiente a la palanca de un hipopótamo de plástico rosa. Esta esencia confusa del juego inspiró su propia canción, igualmente absurda, adictiva y cansina a matar. Sin duda, lo que menos soportaba era el gritito al final del niño repelente que ganaba.