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OIMAKU del desvío inconsciente de mi mirada

OIMAKU de la vez que la compañera de clase que se sentaba detrás mío en el instituto me llamó. Era una chica con fama de borde, que siempre vestía muy puesta, con la que siempre tuve una relación distante pero cordial. La chica me tocó en el hombro y yo me giré. Fue para preguntarme algo acerca de lo que estaba explicando el profesor. El caso es que, al girarme, ella estaba apoyada sobre la mesa. Ese día llevaba una especie de traje de chaqueta gris muy fashion cuya chaqueta abrochada formaba un escote espectacular. Mientras mi torso rotaba, por el rabillo del ojo ya empecé a vislumbrar aquello, y mis pupilas descendieron automáticamente. Tengo una fotografía mental muy nítida al respecto. Subí la mirada en cuanto me di cuenta, rápidamente pero ya tarde. Ella acababa de formularme su duda. Yo me quedé mirándola fijamente, con cara de indisimulada culpabilidad, porque no me había enterado de nada: tenía todavía la mente ocupada por su escote. Sin apartarme la vista, noté cómo se le encendía una bombilla en sus ojos, se reclinaba hacia atrás y despegaba el pecho de la mesa. Entonces, me volvió a preguntar. Yo le respondí, ella asintió y me volví hacia la pizarra. No sabría decir qué me jodió más de aquel desliz de apenas unos segundos, si mostrar mi debilidad ante una chica que creo que en cierta manera me respetaba, o no haberme quedado más tiempo mirando aquel par de tetas espectaculares.

OIMAKU del trabajo sobre el G-8

OIMAKU del trabajo sobre el G-8 para Ciencias Sociales en Bachillerato. Se trataba de hacer el seguimiento de un aspecto concreto de la guerra de Kosovo a través los periódicos durante un mes y redactar un informe con las conclusiones que coligiéramos. En aquella época andaba bastante desengañado con la escuela y, además, no sé muy bien por qué, tal vez por el hastío de leer la prensa, fui incapaz de hacerlo. Así que vagueé hasta la última semana, algo impropio en mí hasta la fecha. Y entonces, la divina providencia me sonrió, me sonó la flauta. Obligado por mi madre a tirar la basura, junto al contenedor encontré una hermosa bolsa de plástico de supermercado con diarios viejos de todo el mes. No cabía en mí de gozo. Y todos hablaban de la guerra. Supongo que porque era la sigla más visible, elegí el G-8. Recorté las noticias, las pegué en un anexo y me inventé un análisis y una reflexión. Mi nota fue un notable y es uno de los trabajos del que conservo un recuerdo más especial y alegre.