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OIMAKU de Míster Zákar

OIMAKU del casero del apartamento de Southampton. El tipo era un indio emigrado a Inglaterra que a través de trabajar duro había conseguido abrir una tienda de recambios para coche y formar a su familia en Inglaterra. Su apellido era Thakrar pero entre nosotros los llamábamos Zákar, Míster Zákar. Era un buen tipo pero estaba obsesionado con seguir la normativa y venía cada semana a revisar el piso. A él no le suponía demasiada molestia porque vivíamos encima de la tienda pero para nosotros era un incordio. Recuerdo que un día, cuando todavía buscaba trabajo sin éxito, me dijo que yo debía esforzarme el doble, porque era de fuera y tenía que demostrar mi valía. Le caí simpático en mi calidad de currante. Imaginé lo que había tenido que pasar él para tener su negocio y comprendí su obsesión por que todo estuviera perfecto en el piso.

OIMAKU del Dynablaster

OIMAKU del videojuego Dynablaster, más conocido en todo el mundo como Bomberman. Lo conocí a través de mi amigo A., el mismo que me dio a conocer joyitas como Monkey Island o Maniac Mansion. Era un vicio, pura adicción, especialmente en modo batalla. Al principio siempre ganaba él, tendiéndome trampas, rodeándome de bombas. Cuando viví en Inglaterra, resucité el juego en pareja. En nuestro apartamento británico sin conexión a Internet, y junto con el Wacky Wheels, disfrutamos recogidos en el salón de divertidísimos piques frente a la pantalla del portátil.

OIMAKU de la maldición contra la lluvia británica

OIMAKU, como si fuera ayer, de una maldición que profirió contra el mal tiempo británico mi casera en Torquay. Era una tarde de pleno verano y estaba lloviendo sin parar. Yo estaba en casa cuando ella entró, empapada. Tenía pinta de bastante fastidiada, o cabreada, o loca. Se metió en el recibidor cerrando el paraguas de cara a la calle, y con toda la rabia de su alma, le gritó al cielo: “Fucking bleeding British weatha!”.

OIMAKU del Trivial para Dummies

OIMAKU de una máquina recreativa de Trivial de la marca Para Dummies que había en un pub de Southampton. Durante los nueve meses que vivimos allí, vimos bastantes de éstas pero con el Trivial clásico. Nos enfrentábamos a la computadora junto con los colegas pero a las cinco preguntas solíamos palmarla. Decidimos que con aquel Trivial Para Dummies nos iría sin duda mejor. Metimos la moneda y leímos la primera pregunta. Era una de prensa del corazón, algo que para los ingleses debía de ser una chorrada muy sencilla pero de la que nosotros no teníamos ni idea. Fallamos y se acabó. Fueron escasos 5 segundos, una libra perdida y cero de diversión. Nos nos lo podíamos creer. Se nos había quedado cara de eso, de dummies.

OIMAKU de la Noche de Guy Fawkes

OIMAKU de la Noche de Guy Fawkes en Southampton. En Inglaterra, el cinco de noviembre se conmemora el fracaso del atentado de 1605 contra el rey James I. Uno de los conjurados contra el monarca, descubierto con la pólvora pensada para volar el Palacio de Westminster, fue Guy Fawkes. Alan Moore, basándose en el personaje, escribió el cómic V de Vendetta, que ha tenido mucho éxito y ha visto como el dibujo de la careta del conspirador creada por David Lloyd era utilizada por los grupos antisistema como símbolo. En la manifestación de hoy, 15 de mayo de 2011, organizada por “Democracia Real Ya”, mi novia y yo vimos muchas máscaras del conspirador Fawkes. Entonces, juntos nos pusimos a recordar la celebración de 2007 en Inglaterra. Fue junto a un murete cercano al Museo Marítimo de la ciudad, frente al mar. Allí nos dispusimos con unos amigos a ver el festival pirotécnico. Nos sorprendió porque iba acompañado de música, aunque I. nos dijo que en su pueblo, Rubí, los hacían igual. De camino hacia el puerto, M. había encontrado una caja de latas de cerveza Foster’s abandonada en un banco. Excepto yo, todos bebieron durante el espectáculo. Recurdo especialmente a J. con su chaqueta de cuero y sus pantalones y botas militares, lata en mano, mientras las luces explotaban en el cielo. A distancia de donde nos encontrábamos, en una plataforma sobre el agua con asientos para los espectadores que habían pagado para celebrarlo en primera línea, disparaban los petardos. Pese a estar lejos, veíamos perfetamente los fuegos, no así las fuentes ni las tracas, cuyo sonido amortiguado era lo único que nos llegaba. Recuerdo que corría el viento frío del puerto pero que estábamos bien. Fue una noche memorable.

OIMAKU de las alarmas de incendio

OIMAKU de las alarmas de incendios del piso de Inglaterra. A la mínima que te ponías a cocinar y hacías un poco de humo, el maldito trasto emitía un pitido agudo e insoportable. Para pararlo sólo se debía presionar un botón que tenía. El problema era que, al estar instaladas en el techo, había que coger una silla y encaramarse cual cabra para apagarlo. Eran un incordio desquiciante.

OIMAKU de la pizza picante de Inglaterra

OIMAKU de la pizza picante que cenamos en casa de I. y J. en Inglaterra. La habíamos comprado junto con otras en el supermercado de la misma calle y era “Indian Style” o algo similar. Recuerdo que estábamos todo el grupo comiendo las pizzas, bebiendo y charlando, y en cierto momento de la velada, cuando todos recibíamos en nuestros estómagos la pizza india recién salida del horno, J., con su indumentaria de heavy, empezó a toser tras el  primer mordisco. Obviamente, todos empezamos a reírnos de él. Sin embargo, M. no lo hizo. Estaba quieto, con los ojos vidriosos, como un perrillo abandonado. “¿Qué te pasa?” le preguntamos preocupados. Él se puso rojo y le cayeron un par de lagrimones. “Un poco fuerte, ¿no?” respondió sin mirarnos. Entonces sí que nos partimos la caja. Por sus huevos y su orgullo, M. se terminó su porción de pizza, ¡aunque le costara un agujero en el estómago!