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OIMAKU del Dynablaster

OIMAKU del videojuego Dynablaster, más conocido en todo el mundo como Bomberman. Lo conocí a través de mi amigo A., el mismo que me dio a conocer joyitas como Monkey Island o Maniac Mansion. Era un vicio, pura adicción, especialmente en modo batalla. Al principio siempre ganaba él, tendiéndome trampas, rodeándome de bombas. Cuando viví en Inglaterra, resucité el juego en pareja. En nuestro apartamento británico sin conexión a Internet, y junto con el Wacky Wheels, disfrutamos recogidos en el salón de divertidísimos piques frente a la pantalla del portátil.

OIMAKU de la manera de comer petit-suis

OIMAKU de la manera de comerme los petit-suis que tenía cuando era pequeño. Cuando pasé de los diez años, me di cuenta que un petit-suis daba para poco y que me lo comía en dos cucharadas de nada. Pensando en una manera de hacer que durara más y que fuera más entretenido, se me ocurrió perforarle la base con los dientes y tomármelo sorbiendo por el agujero. Cuando acababa, quedaban una especie de túneles en la masa que iban desde la superficie hasta el agujero. Acostumbraba a realizar unos cuatro, creando un entramado de grutas en la pasta rosa bastante curioso. Finalmente, cuando el juego no daba más de sí, apretaba desde la base el recipiente y hacía salir por arriba el contenido como si fuera de un tubo de dentífrico. Hurgaba con el debo o con la lengua si quedaba algo por las paredes. Era una guarrada exquisita.