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OIMAKU de los sorteos por carta

OIMAKU de los sorteo por carta que se hacían en televisión antes de que hubiera móviles. Recuerdo que siempre estaba allí el “señor Notario” y el presentador; a veces, también estaba una de las azafatas del programa. El presentador o la azafata lanzaban las cartas al aire para atrapar una al azar. Recuerdo un concurso en el que, directamente, las hacían volar dentro de un tubo. Luego abrían el sobre para descubir al afortunado y había veces en que leían un fragmento de la carta. Tenía su qué toda aquella parafernalia. Los actuales sorteos por SMS son asépticos (y sospechosos).

OIMAKU de Vídeos de Primera

OIMAKU del programa mítico de Televisión Española Vídeos de Primera, presentado por Alfonso Arús. Es el programa que a día de hoy, cuando anacrónicamente aún se siguen emitiendo programas de este tipo a pesar de la existencia de Youtube, envejece peor en mi memoria. Cada vez me parece más malo y no recuerdo ningún vídeo que me haga gracia, aunque en su día me riese. Que el vídeo más galardonado acabara siendo el de “Se va el toro, se va por la barranquilla” ya da una idea de su criterio humorístico. Recuerdo que el mayor interés de aquel concurso era ver si en un descuido se le caía el peluquín al presentador.

OIMAKU del sueño del concurso radical

OIMAKU de un sueño que tuve. Estaba en casa de mi padre, aunque no era su casa real. Era otra que en el sueño yo consideraba su casa. Estábamos en el salón en penumbra, iluminados por la tele, y él me preguntaba si había visto el nuevo programa de la madrugada. Le contestaba que no y él me lo explicaba. Lo conducía Nacho Sierra, el ciudador de animales, pero nos referíamos a él como Nacho Vidal por una de esas tergiversaciones de los sueños, supongo que por no acordarme del nombre. El concurso trataba de que un hombre, joven o maduro, iba a participar con su novia y Nacho Sierra, el presentador, venía con su perro, un dogo alemán de color pardo con orejas en punta. Al final del programa, Nacho Sierra conseguía que el concursante prefiriera tirarse al perro antes que a su novia, en directo y frente las cámaras. El que resistía, ganaba. Cuando le preguntaba a mi padre cómo nadie podía hacerte cambiar a tu novia por un chucho y, encima, follártelo, me contestaba, mirándome con pasmo a causa de mi virulenta reacción, que los canes del programa parecían violentos pero que en realidad eran muy mansos. En ese momento, me fijaba que mi padre acariciaba un dogo alemán y comprendía que nadie había conseguido ni conseguiría jamás ganar aquel maldito concurso. Me desperté asqueado y aterrorizado al mismo tiempo, consciente de que mi pesadilla todavía podía hacerse telerrealidad.

OIMAKU de los Clásicos Básicos

OIMAKU del disco de consolación que regalaba Constantino Romero en el concurso Alta Tensión. La cantinela de los malditos Clásicos Básicos en cada programa hacía que la música clásica sonara a fracaso, burla y salivazo. ¿Alguien puede imaginarse a un tipo que ha perdido mil euros de una tacada por elegir a Bugs Bunny en el panel de “Personajes animados con sombrero” escuchando a Haendel relajadamente en su casa? “Aleluya” no es la palabra que diría, precisamente.

OIMAKU de Filiprim

OIMAKU del concurso Filiprim de TV3, y de su presentador don Josep Maria Bachs con su bigote y su pajarita enormes, y de aquel viejo gamberro y calvo que lo acompañaba y que todavía aguanta el maldito con casi cien años y loco como una chota pero un cachondo al fin y al cabo, y sobre todo no olvido, ni olvida nadie que viera el programa, la frase de despedida con la que el senyor Bachs concluía indefectiblemente cada uno de los programas que presentó, no, imposible olvidarlo: “Tanquem la paradeta”.