OIMAKU de la caja del compás

OIMAKU de la caja que llevaba al colegio con el compás. Me la había comprado mi madre en un alarde de sofistifación. Era rectangular y plana, con la tapa transparente y el fondo exterior de color negro. Dentro, los utensilios estaban encajados en un molde magenta de una textura parecida al terciopelo. Llevaba un compás para trazar círculos y un compás de puntas para, supongo, medir. Éste último no lo utilicé más que para jugar clavándolo en el borde de la mesa. Contenía, además, un transportador de ángulos, una goma, un afilador para la mina y un adaptador para poder acoplar un rotulador o un bolígrafo al compás. El último recuerdo que tengo es la imagen de la tapa rota, resquebrajada. Puede que ahora esté guardada en un armario en casa de mi madre.  En cierto modo, estaba orgulloso de ella.

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