OIMAKU de las alarmas de incendio

OIMAKU de las alarmas de incendios del piso de Inglaterra. A la mínima que te ponías a cocinar y hacías un poco de humo, el maldito trasto emitía un pitido agudo e insoportable. Para pararlo sólo se debía presionar un botón que tenía. El problema era que, al estar instaladas en el techo, había que coger una silla y encaramarse cual cabra para apagarlo. Eran un incordio desquiciante.

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