OIMAKU de la hormiga roja kamikaze

OIMAKU de la hormiga roja que me mordió en el brazo durante unas colonias. Estábamos en el bosque de excursión cuando noté una molestia en el antebrazo izquierdo. Miré y era un diminuta hormiga roja. La aventé con la mano pero no se movió, y apretó con más fuerza sus mandíbulas. La empujé con el dedo pero siguió allí, tenazmente. Cerraba con más fuerza sus tenazas. La cogí por el cuerpo, la intenté separar. No podía. Llegó a asustarme tanta fuerza de voluntad, tanto tesón. Tuve que acabar tirando y, sorpresa, me llevé su tórax entre mis dedos mientras su cabeza seguía aferrada a mi piel.

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