OIMAKU del cashback

OIMAKU de la pregunta de “Any cashback?” que me hacían las cajeras de los supermercados en Inglaterra. Al principio, no tenía ni idea de a qué se referían y siempre decía que no. Creía que me preguntaban si tenía suelto porque les faltaba cambio, cosa muy común en cierta cadena de supermercados de por aquí. Pero el cashback fue una bendición. Si pagaba con tarjeta y, además, no tenía suelto para luego, no sé, comprar un donut en la pastelería de enfrente, pedía diez libras en cashback; con este simple gesto, me cargaban la cantidad junto con el resto de la compra en la tarjeta y, a cambio, me daban un billete de diez. Igual que si sacara dinero de un cajero automático, pero sin la molestia de tener que ir a buscar uno, ¡y sin comisiones! Era comodísimo. Y aquí tengo que asegurarme si el supermercado aceptará tarjetas…

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