OIMAKU del juego de la pelota de goma

OIMAKU de cuando me escondía con N. bajo la cama y hacía rebotar lo más fuerte que podía una pequeña pelota de goma contra el suelo. Alucinábamos y nos reíamos al ver cómo iba golpeando por todas partes, intentando adivinar dónde caería. A mi madre, el juego no le parecía ni la mitad de divertido.

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