OIMAKU del comienzo de nuestra amistad

OIMAKU del principio de mi amistad con T. Hacía pocos meses que nos sentábamos juntas en clase e intercambiábamos pedanterías y libros de vampiros, cuando un día, out of the blue, me miró de reojo en una clase y me soltó: “Ala, qué gracia, ¡tú también tienes este diente torcido como yo!”. Ante mi cara de alucine, sólo se le ocurrió añadir: “¿Qué pasa? Estas cosas son las que unen en una amistad.” Más bien son estas salidas las que fomentaron nuestra amistad, querida.

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