OIMAKU de la epidural

OIMAKU de la vez que me pusieron la epidural. Veo todavía la aguja larguísima y fina que me clavó la anestesista. No tuve miedo pero me sentí indefenso. Apenas noté el pinchazo pero, justo al empezar a inyectarme el líquido, algo similar a una descarga eléctrica me bajó por el cuerpo hasta la punta del pie derecho, haciéndome sacudir involuntariamente la pierna. Desde entonces, mi espalda no quiere volver a entrar en un quirófano. Yo tampoco.

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