OIMAKU del primer beso con T.

OIMAKU de la primera vez que besé a T., junto a su coche y en mitad de un descampado horrible donde se escuchaba la música apopléjica de las discotecas. El beso me salió fatal y estaba destrozado por dentro, por la torpeza, por el miedo, por el frío y la vergüenza. Ella, tranquila, sonriente, me pasó los brazos por el cuello y me dijo: “Repitámoslo”, y el beso quedó bordado.

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