OIMAKU de mis botas favoritas

OIMAKU de mis botas favoritas en el cubo verde de la basura de la casa alquilada de Southampton, después de casi dos años poniéndomelas cada día, paseando por los parques o saliendo de noche, en el trabajo o de excursión con mi padre en la montaña, mojadas por la lluvia, quemadas por el sol, manchadas por el barro, marcadas por unas traicioneras gotas de lejía, desgastadas y rotas de la suela, con la piel arrugada y cuarteada como un anciano centenario después de todos los pasos dados, después de todos los lugares visitados. Allí, en aquel cubo sobre el que se derramaba el cielo inglés con su desolador clima, una mañana, se acabó su camino.

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