OIMAKU de las tetas de M.

OIMAKU de las tetas de M., de cómo, mucho tiempo después, en la estación de Sabadell de la carretera Barcelona, sentado yo en el vagón, las vi pasar  por el andén y pensé “menudo par de tetas”, no “menudos pechos” o “melones”, no, “menudo par de tetas”, de “tetazas”, y levanté la vista y vi que ahí detrás iba ella, detrás de aquellas tetas descomunales y lúbricas que habían desbordado muchas noches de mi adolescencia

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *