OIMAKU del Tragabolas

OIMAKU del juego del Tragabolas, tan absurdo como adictivo como cansino, en el que uno se hacía polvo dándole con frenesí drogodependiente a la palanca de un hipopótamo de plástico rosa. Esta esencia confusa del juego inspiró su propia canción, igualmente absurda, adictiva y cansina a matar. Sin duda, lo que menos soportaba era el gritito al final del niño repelente que ganaba.

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