Archivos mensuales: mayo 2011

OIMAKU de la Noche de Guy Fawkes

OIMAKU de la Noche de Guy Fawkes en Southampton. En Inglaterra, el cinco de noviembre se conmemora el fracaso del atentado de 1605 contra el rey James I. Uno de los conjurados contra el monarca, descubierto con la pólvora pensada para volar el Palacio de Westminster, fue Guy Fawkes. Alan Moore, basándose en el personaje, escribió el cómic V de Vendetta, que ha tenido mucho éxito y ha visto como el dibujo de la careta del conspirador creada por David Lloyd era utilizada por los grupos antisistema como símbolo. En la manifestación de hoy, 15 de mayo de 2011, organizada por “Democracia Real Ya”, mi novia y yo vimos muchas máscaras del conspirador Fawkes. Entonces, juntos nos pusimos a recordar la celebración de 2007 en Inglaterra. Fue junto a un murete cercano al Museo Marítimo de la ciudad, frente al mar. Allí nos dispusimos con unos amigos a ver el festival pirotécnico. Nos sorprendió porque iba acompañado de música, aunque I. nos dijo que en su pueblo, Rubí, los hacían igual. De camino hacia el puerto, M. había encontrado una caja de latas de cerveza Foster’s abandonada en un banco. Excepto yo, todos bebieron durante el espectáculo. Recurdo especialmente a J. con su chaqueta de cuero y sus pantalones y botas militares, lata en mano, mientras las luces explotaban en el cielo. A distancia de donde nos encontrábamos, en una plataforma sobre el agua con asientos para los espectadores que habían pagado para celebrarlo en primera línea, disparaban los petardos. Pese a estar lejos, veíamos perfetamente los fuegos, no así las fuentes ni las tracas, cuyo sonido amortiguado era lo único que nos llegaba. Recuerdo que corría el viento frío del puerto pero que estábamos bien. Fue una noche memorable.

OIMAKU de la caja del compás

OIMAKU de la caja que llevaba al colegio con el compás. Me la había comprado mi madre en un alarde de sofistifación. Era rectangular y plana, con la tapa transparente y el fondo exterior de color negro. Dentro, los utensilios estaban encajados en un molde magenta de una textura parecida al terciopelo. Llevaba un compás para trazar círculos y un compás de puntas para, supongo, medir. Éste último no lo utilicé más que para jugar clavándolo en el borde de la mesa. Contenía, además, un transportador de ángulos, una goma, un afilador para la mina y un adaptador para poder acoplar un rotulador o un bolígrafo al compás. El último recuerdo que tengo es la imagen de la tapa rota, resquebrajada. Puede que ahora esté guardada en un armario en casa de mi madre.  En cierto modo, estaba orgulloso de ella.