Archivos mensuales: junio 2010

OIMAKU de la pareja de borrachos

OIMAKU de los dos tipos que, cuando hacía de recepcionista, recién abiertas las puertas del club donde trabajaba, sobre las seis de la mañana de un sábado, me pidieron entrar al bar para pedir fuego. Ell local era únicamente para socios pero, al no advertir nada especial en ellos, pensé que nada malo podía pasar y que, total, tampoco iban a encontrar a nadie a estas horas por la calle. En cuanto les abrí las puertas, vi que el segundo no iba muy derecho, y ahí empezó todo a torcerse. Me enteré, al rato, que se habían pedido un par de cubatas en el bar y que estaban cantando y dando voces. En cuanto llegó mi compañera, abandoné mi puesto y me dirigí a la cafetería para echarlos. Se les veía todavía más bebidos. El segundo llegó a caerse de boca al suelo bajando unas escaleras. El primero, que recriminaba al otro que estuviera tan torpe y tan pedo, me soltó de buenas a priemras que aquí no hablábamos de política. Empezó a hablarme de ETA y, mientras me iba contando cosas horribles, con unos ojos desorbitados y sanguinolentos que no podré olvidar en la vida, fui acompañándolos a la salida. El de mantenimiento me echó una mano para conducirlos tranquilamente fuera del recinto, sin que armaran follón. Por suerte, no había nadie a esas horas. Los dos tipos me dieron las gracias, como si nada hubiera pasado, y se perdieron calle abajo. Al desaparecer, respiré aliviado. Lo había pasado fatal. De menudo embolado me acababa de librar.

OIMAKU de mi primera conexión a internet

OIMAKU de la primera conexión a internet que tuve. Era de wanadoo y era de instalación libre. Me la consiguió A. y me la ofreció. Pagaba por el tiempo en que la usaba, era lentísima e interfería con la línea telefónica. Al principio, la usaba sólo para buscar información para hacer trabajos. Un par de meses después, llegó una factura considerable porque había comenzado a usarla más a menudo. Decidí, tajantemente, desinstalarla para evitar males mayores. Doy gracias por la tarifa plana, ¡aunque sea mi perdición!