Archivos mensuales: octubre 2009

OIMAKU de la primera amistad perdida

OIMAKU de la primera amistad perdida de la universidad. M. y T. lo conocieron antes que yo y, según dicen, lo habían ido puliendo durante los años. Lo cierto es que era basto, irrespetuoso, pedante y egoísta, cosa que me hace temblar al pensar cómo era en el pasado. Recuerdo que el momento en el que pensé “basta” fue tras una de nuestras discusiones políticas en las que menospreció de manera directa no sólo mis ideas sino mi persona. A partir de entonces fue una caída libre hacia el ignorarle por completo. Una de las últimas veces que le vi coincidimos en el tren de vuelta a casa, como tantas veces, y no pude evitar abrir mi libro de Stephenson mientras le decía algo así como “es que está muy interesante” y procedía a pasar de él durante los 40 minutos que estuvo sentado delante mío. Cada vez que ellas dicen “podríamos quedar con él, a ver qué dice”, tiemblo.

OIMAKU de la colección de Clásicos Universales

OIMAKU de la colección de Clásicos Universales de Seix Barral en tapa dura y lomo con decoraciones doradas de mi madre. Me sorprendía que alguien que entonces sólo leía revistas del corazón me asegurara que se los había leído todos. Resultan abismalmente misteriosas las vidas de nuestros padres antes de nosotros. ¿Quiénes eran? ¿Quiénes son?

OIMAKU del puzzle de Wally

OIMAKU del rompecabezas de mil piezas de ¿Dónde está Wally? que me regalaron mis padres por Navidades. En él, Wally camina por un estadio caótico. Pertenece al primer libro, cuando buscar su jersey de rayas era divertido y no la locura de un lince ludópata. Recuerdo que me costó acabarlo, que incluso vino un amigo del colegio a ayudarme. Ahora, el orgullo y la nostalgia se mezclan cuando lo veo enmarcado en la habitación de los trastos de casa de mi madre.

OIMAKU del comienzo de nuestra amistad

OIMAKU del principio de mi amistad con T. Hacía pocos meses que nos sentábamos juntas en clase e intercambiábamos pedanterías y libros de vampiros, cuando un día, out of the blue, me miró de reojo en una clase y me soltó: “Ala, qué gracia, ¡tú también tienes este diente torcido como yo!”. Ante mi cara de alucine, sólo se le ocurrió añadir: “¿Qué pasa? Estas cosas son las que unen en una amistad.” Más bien son estas salidas las que fomentaron nuestra amistad, querida.